Ruinas de Segóbriga


Segóbriga se sitúa sobre un cerro,por lo que, para adecuarse a una ciudad romana, hubo que recurrir a explanaciones y aterrazamientos.

 

La población se rodeó de la muralla, símbolo de su nuevo estatus de municipium. Para hacerla más impresionante se alzaron tres puertas monumentales que se abrieron en la muralla: la puerta norte, otra al oriente, flanqueada por una gran torre octogonal y, una tercera, al occidente. A ambos lados de la vía de entrada por la puerta principal se construyó un teatro y un anfiteatro, destinados a las grandes fiestas y actos colectivos.

 

 

La puerta norte daba a una calle principal norte-sur o kardo maximus que constituía el eje de la ciudad y de la que salían las calles transversales en sentido este- oeste o decumani. Nada más atravesar la puerta principal de entrada a la ciudad se construyó el foro, formado por una gran plaza enlosada y rodeada de pórticos y de los monumentos urbanos más significativos, como la curia y la basílica.

Frente al foro, al otro lado de la calle principal norte-sur, se alzaba el templo dedicado al culto imperial. Tras este templo, la manzana siguiente la ocuparon unas grandes termas monumentales. La parte más alta debió ser la acrópolis o ciudadela de la ciudad. Pero, además, una parte del solar de la ciudad estaría cruzada de calles con casas y tiendas o tabernae.

 

La importancia y el interés económico de Segóbriga no se limitó a la riqueza agrícola y ganadera de la zona pues Plinio describe Segóbriga y su área de influencia como el centro de la explotación de minas de "lapis specularis", piedra de yeso cristalizado y transparente, que dejaba pasar la luz y que servía en las construcciones romanas para colocación en ventanas y suelos.

 

 

Su interés económico era tal que Segóbriga era el centro de control de la comercialización de estas explotaciones.   Hay que resaltar la importancia de su situación geográfica por ser un lugar de paso de varias calzadas, la que unía Cartago Nova con Complutum y su conexión con Toletum y Segontia.

Segóbriga alcanzó su esplendor entre los siglos I y III d. C., convirtiéndose en una ciudad nudo de comunicaciones, centro agrícola y minero y capital administrativa de un amplio territorio hasta su abandono paulatino tras la conquista islámica.