Vista del Castillo de Belmonte desde Casa Rural LA menor

El Castillo
La atención principal del poderoso magnate Don Juan Pacheco se centró en Belmonte en fortalecer la población ciñéndola con dilatado y recio muro, y en construir para sí una morada en lo alto del cerro de San Cristóbal en la parte oriental de la villa: El Castillo, donde se volcará la fantasía y el poder del marqués en una construcción "tan bella, tan magnífica, tan robusta en su armazón y tan marcial en su apostura" que es la traza más original de los Castillos de España.
Belmonte, que indudablemente es la querida villa natal de Don Juan Pacheco manda que "sea cercada e rodeada en derredor con una cerca de cal e canto" hasta su suntuoso Castillo, mezcla de lujoso palacio y recia fortaleza, donde refugiarse y descansar de su ajetreada y frenética actividad.
El Castillo es de traza o planta completamente singular y, en todo caso, única. El artista que lo trazó da rienda suelta a su imaginación, aún sin olvidar en ningún momento las reglas clásicas de construcción castrense. ¿Quién fue su arquitecto? La época en que está construido, algunos elementos decorativos exactamente igual que los de la Colegiata y sobre todo las marcas de los canteros que se aprecian en el Castillo que son las mismas de la Colegiata, hace pensar en el Maestro Hanequín de Bruselas.
Vista del Castillo de Belmonte desde Casa Rural LA menor

El Castillo se compone de un cuerpo principal y de una barrera o muralla exterior que le ciñe por completo y de la que por ambos lados arrancan y descienden las murallas de la villa.
Este cuerpo principal está trazado sobre un triángulo equilátero que es el patio de armas del castillo, a cuyos lados van adosados dos cuerpos rectangulares de tres pisos que componen la parte noble y residencial. El tercer lado es la torre del homenaje, que proteje y guarda la parte más accesible donde se alojaba la tropa.
El conjunto se forma por una planta estrellada en cuyas seis puntas se levantan otros tantos torreones cilíndricos, y así el castillo de Belmonte es una construcción rara y única en la arquitectura civil y militar. Por ello es necesario entrar dentro de él, visitarlo con detención y comprobar su importancia como uno de los grandes monumentos del arte gótico-mudéjar de España, y sin género de dudas, el mejor de todos ellos.
Al franquear el umbral del Castillo por la puerta llamada del Campo, nos encontramos con un anchuroso espacio libre o patio entre el castillo y su muralla, que se llama albacara, servía de refugio a los habitantes de la Villa en caso de ataque de los enemigos, y allí con sus enseres y ganados se veían protegidos por el señor.
Vista del Castillo de Belmonte desde Casa Rural LA menor

Pasada la segunda puerta llegamos al patio triangular donde se asoman dos galerías de arcos ojivales, y geminados los del segundo piso. Por la escalera señorial y sorprendente, por el fastuoso despliegue de ornamentación, llegamos a las salas interiores donde la escasa decoración se centra en las jambas de las puertas y ventanas, algunas de grandísima fastuosidad, y en los frontales de las chimeneas de campana.
Las propias sombras del edificio con su inmenso y desolador silencio, ponen otra nota característica del Castillo, y a pesar de ello su belleza arquitectónica adquiere un esplendor rutilante. Porque la gloria del Castillo de Belmonte, se ha dicho, son sus artesonados, sin duda alguna los más variados y bellos de España en edificios civiles.
Policromados todos ellos, juegan los colores rojos, amarillos y azules, alternando con los ocres y tonos naturales de la madera de pino, creando un efecto maravilloso y de ensueño al contacto con la luz exterior. Los motivos de los artesonados son sorprendentes, nacidos todos de la rica imaginación mudéjar: casetones rectangulares y cuadrados, alternando con modelos geométricos estrellados y otras piezas de lazos y cruces con decoración floral. Ricas tirantas apoyadas en ménsulas bellamente decoradas.
En otras salas aparecen célebres pinjantes o mocárabes suspendidos en los centros de ricos rosetones. La fantasía alcanza extremos inauditos donde, se dice, eran las habitaciones de los señores: la cúpula era giratoria, y enriquecida por la presencia de pequeños cristales de colores, producía un juego de reflejos al devolver los rayos de luz desde los fondos de los casetones, mientras sonaban tenues campanillas de plata.
Junto con toda su belleza, el Castillo estaba provisto de los medios necesarios de defensa para sostener un largo asedio. Sabemos que en tiempos de Don Jorge Manrique cuando éste cae herido en la batalla de Alcañavate en 1479 había en el Castillo de Belmonte 100 lanzas de a pie. En 1672 todavía quedan en el Castillo siete morteros y cinco pedreros de hierro con un gran número de piezas de artillería del mayor calibre que entonces se conocía.
Vista del Castillo de Belmonte desde Casa Rural LA menor

Indudable parece la tradición que este Castillo sirvió de refugio a la princesa doña Juana la Beltraneja, y cuenta la misma tradición que doña Juana escapó del Castillo por una ventana en plena noche.
El Castillo fue objeto de una restauración importante por orden de la Emperatriz Eugenia de Montijo, condesa de Teba y esposa de Napoleón III en el año 1857. Se hizo cargo de la dirección de las obras el arquitecto español Sureda. A la caída del Imperio los trabajos se interrumpieron, y se reanudaron años después por orden del Duque de Peñaranda, sobrino de la Emperatriz.
Más tarde fue ocupado el Castillo por una comunidad de frailes Dominicos a los que se los cedió la emperatriz, y en él permanecieron hasta el año 1885. La emperatriz Eugenia habitó temporadas en el Castillo, después de muerto su esposo Napoleón III, realizando algunas reformas en el interior del recinto.
En la Guerra Civil Española, y después de ella, sirvió de cárcel del Partido Judicial de Belmonte y por último se habilitó como academia de mandos del Frente de Juventudes. En los años 1991 y 1992 se han hecho obras importantes de restauración en el Castillo, tales como reposición de sillares en almenas y muros con llagueado y reparación de mampostería y sillería; reparación de cubiertas, torres, chimeneas. Limpieza y restauración de artesonados; ventanales de nueva construcción con vidrieras emplomadas, repaso general y arreglo de puertas; rescates de estucos en diferentes dependencias. Esta restauración la hizo la Escuela Taller de Belmonte, del Fondo Social Europeo del I.N.E.M., bajo la dirección técnica del arquitecto D. Casto García García y el aparejador D. Juan J. Pacheco Pacheco.
Y el Castillo de Belmonte sigue luciendo su impresionante traza de solidez y armonía en los Campos de La Mancha bajo el cielo limpio e inmenso de Castilla.
Aunque la apertura al público, una vez concluída la primera fase de la restauración, estaba prevista para los primeros meses de 2009, ha habido que ampliar la duración de esta primera fase. La apertura al público se pospone para el final de verano de 2009.